FILOSOFÍA DEL TAEKWON-DO «DO»
El concepto de «Do», más allá de su análisis semántico o etimológico, está profundamente ligado a ideas de carácter moral y filosófico. Cuando se practica un arte marcial con entusiasmo y perseverancia, sin claudicar ante la falta de confianza o los desalientos -situaciones que suelen aparecer cuando no existe una conducción objetiva de la clase-, los alumnos pueden llegar a despersonalizarse o perder el rumbo.
El General Choi subrayó en su escritura la importancia de separar las palabras «Tae Kwon-Do», aclarando que no se trata de un simple detalle semántico, sino de la afirmación de un trabajo continuo entre dos planos: el físico y el emocional. Practicar el Taekwon-Do implica incorporar sus principios y valores no solo como una repetición mecánica, sino reconociendo su verdadero peso ético y moral en la vida cotidiana
De este modo, se pueden corregir actitudes que nos alejan pe la práctica auténtica. Así, nuestras propias vidas, guiadas por estos principios, funcionarán en armonía con nuestro entorno y con las personas que nos rodean
Cortesía: Implica tratar a todas las personas con respeto.
Integridad: Es la característica personal de discernir lo correcto de lo incorrecto. Y comportase con sinceridad y sentido de justicia.
Perseverancia: Aunque la realidad sea adversa y a pesar de todo seguir adelante para cumplir el objetivo, con franqueza y sinceridad.
Autocontrol: Cualidad que reside en mantener la calma y la compostura a pesar de situarse bajo presión y contener el impulso de la venganza.
Espíritu indomable: A pesar de la adversidad para enfrentar sin miedo con firmeza y con convicción llevando a adelante las consecuencias a nuestro accionar.
Estos bastiones morales no solo buscan fortalecer el cuerpo y sus capacidades, sino también nutrir la vida interior del practicante. El Taekwon-Do aporta un acondicionamiento mental y ético que orienta hacia una visión más asertiva de la vida, tanto dentro como fuera del tatami. Sus principios, heredados de las filosofías chinas y coreanas, tienen como fundamento epistemológico la formación integral de las personas en un contexto amplio, promoviendo valores como el respeto, la honestidad, la disciplina y la fortaleza mental frente a la adversidad.
Mi experiencia personal confirma esta enseñanza.
A los veinte años sufrí una fractura de clavícula con un desplazamiento de cinco centímetros. Muchos aseguraron que no podría volver a entrenar. Sin embargo, continué, sostenido la convicción de que el cuerpo puede obedecer al espíritu cuando ambos se hallan en armonía. Aquella lesión no fue un obstáculo: fue un maestro. Comprendí que la voluntad también
posee sus propios músculos, y que el dolor, cuando se lo escucha con respeto, puede convertirse en conocimiento.
El Taekwon-Do me enseñó a aceptar la fatiga como una forma de plegaria. Cada spagat que persigo, cada patada repetida una y miles de veces, no constituye solo un gesto físico, sino una meditación.
De niño creía que el entrenamiento terminaba al salir del dojang, del mismo modo que pensaba que el músculo crecía únicamente mientras dormía. Con el tiempo comprendí que el verdadero crecimiento -físico, técnico y espiritual- continuaba incluso fuera del tatami, como en los silencios, en los gestos cotidianos, en la manera de tratar a los demás y en la forma en que nos hablamos a nosotros mismos.
Para mí, el Do no es un concepto abstracto, es una presencia viva. Es la voz interior que me acompaña en la fatiga, en la duda, en los momentos en que cuestiono si el esfuerzo tiene sentido. Es el hilo invisible que une cuerpo y espíritu, el puente que me devuelve a mí mismo cada vez que siento que me extravío.
Filosofía del Taekwon-Do como modo de vida.
He recorrido un largo camino: entrené bajo el sol y bajo la lluvia, en momentos de plenitud y en tiempos de tristeza. A lo largo de los años vi pasar generaciones de practicantes: algunos llegaron por moda, otros por
un afecto profundo hacia el arte. En cambio, yo sigo aquí no porque busque la perfección, sino porque deseo permanecer en el camino.
El DO no es un destino, sino un recorrido que se honra día a día. No se trata solo de ganar torneos o ascender de categoría, sino de convertir cada entrenamiento en un acto de verdad.
El Taekwon-Do como arte personificado.
El Taekwon-Do es mi espejo y mi lenguaje. En él descubro lo que soy y lo que anhelo ser.
Ser el arte personificado -como decía Bruce Lee- no significa repetir golpes, sino encarnar un espíritu.
Prometo seguir en el camino con amor, con respeto y sin claudicar, aun cuando el mal intente acecharme. Mi instructor de la escuela de policía solía repetir: NDecir que lo diste todo no alcanza, hay que vivirlo todo.
Y es precisamente en ese vivirlo todo -en cuerpo, mente y espíritu-donde encuentro el sentido profundo del DO: el hilo que me une a mis maestros, al General Choi, creador de esta senda, y a todos los que aman este arte.
Para mí, el Taekwon-Do no es solo defensa personal. Es mi manera de honrar la vida.
La Cultura Moral en la práctica.
Se refiere a la adopción de valores morales en la vida cotidiana por parte de los individuos que forman parte de un grupo social. Estos conceptos permiten distinguir entre el buen actuar y el mal actuar. Entre ellos pueden enumerarse decir la verdad, respetar a los demás y cumplir con los compromisos asumidos.
Dichos valores funcionan como un regulador social que contribuye a equilibrar las relaciones entre las personas y las dinámicas que las caracterizan. Desde el punto de vista cultural, representan un proceso formativo que moldea la personalidad, enseñando a tomar decisiones éticas y a consolidar un código moral basado en el consenso.
La cultura, la moral y la inclusión social.
Estas dimensiones sociales han forjado un vínculo estrecho entre sí. Desde una perspectiva cultural, funcionan como una base sólida de valores que orientan la convivencia y facilitan una mirada más amplia y justa del entorno. Su propósito es promover la inclusión social, garantizando que todas las personas tengan las mismas oportunidades, recursos y derechos, en un marco de equidad.
La cultura, en su práctica cotidiana, impulsa la integración de las personas y favorece la cohesión social, fortaleciendo así el sentido de pertenencia y la construcción de comunidades más justas y solidarias.
Comportamientos ausentes o faltantes
Cortesía: Comportarse de manera irrespetuosa con los instructores o compañeros, no saludar al entrar al dojang o mostrar desdén.
Integridad: Hacer trampa en entrenamientos o competiciones, mentir u obrar de manera deshonesta.
Falta de perseverancia: Rendirse fácilmente ante la primera dificultad, frustrarse cuando algo no sale bien o abandonar tareas a medio camino.
Falta de autocontrol: Reaccionar de forma impulsiva, enojarse fácilmente o no saber manejar el estrés y la frustración en un combate.
Falta de espíritu indomable: Tener miedo al combate, evitar los desafíos o dejarse intimidar por los oponentes.
Desarrollar los principios del Taekwon-Do en la vida cotidiana
Aplicar los principios del Taekwon-Do más allá del tatami favorece la autoestima y el autoconocimiento, fortalece la concentración, aporta un sistema de valores adecuado para la vida en sociedad y contribuye a la formación de una personalidad equilibrada.
La responsabilidad social implica el deber -individual y colectivo- de asumir las consecuencias de nuestras acciones sobre los demás y sobre la comunidad. En cualquier dinámica social, incluso en un juego, el cumplimiento de las reglas garantiza un entorno seguro. Sin embargo, la interpretación de estas normas siempre está atravesada por la subjetividad humana, aunque se sustente en la realidad del contexto.
En situaciones que requieren revalorizar ia predisposición, especialmente fuera del ámbito del juego, es necesario involucrarse desde una mirada de resiliencia. Esto implica analizar los hechos desde una óptica científica, filosófica, técnica y médica, brindando respuestas sólidas y maduras.
En este camino, no se mide únicamente la precisión técnica, sino la persistencia, la honestidad y el crecimiento interior. Las respuestas que damos a la vida -en un análisis preliminar- nos muestran que nuestra óptica personal funciona como una máscara: filtra la realidad y nos permite comprender que la vida es, en gran parte, subjetiva. Las actitudes de las personas, sus vivencias y la manera en que adoptan posturas ante los desafíos pueden perdurar durante años.
A menudo transitamos la existencia sosteniendo pensamientos erróneos o posturas emocionales equivocadas. Sin embargo, sin estas vivencias la vida sería plana: carecería de dinamismo, de desgaste emocional y de aprendizaje.
Vivir, en esencia, es un proceso continuo de madurez y un testimonio del conocimiento adquirido a través de la experiencia.
ALUMNO: Sabonim 4º Dan URTUBEY Francisco Certificado IV ITF AR-4-1911
Lugar de Practica: Circulo del Servicio Penitenciario Bonaerense, calle 137 y 515, La Granja, Partido de la Ciudad de La Plata.
INSTRUCTOR: Sabonim 6º Dan PEREIRO Marcel

